El puro sensacionalismo en el titular

Dar un titular “espectacular” y no soportarlo ni desarrollarlo con contenido o argumentos es un recurso muy usado por las “fake news”. ¿Y funciona este recurso aparentemente tan superficial o absuro?, pues muchas veces sí porque en internet se estima que más del 50% de los receptores solo leen el titular y la entradilla, que es el párrafo breve principal de apoyo. Por ello sería posible, por ejemplo, publicar un post con un titular muy sensacionalista y no apoyarlo con contenido noticioso alguno, de hecho el texto que lo desarrolla podría ser puro relleno o un texto que no se correspondiese con lo “vendido” en el titular. Podría ser así y que al menos el 50% jamás se diera cuenta.

Esta tendencia a detenerse solo en el titular está en auge en un contexto comunicativo en que cobran protagonismo las redes sociales. Un estudio desarrollado en 2016 por la Universidad de Columbia y el Instituto Nacional Francés demostró que el 59% de los contenidos compartidos en redes sociales por los usuarios no habían sido previamente leídos en su contenido por las personas que los compartían, por tanto lo estaban compartiendo, o lo que es lo mismo difundiendo, a partir solo de la lectura del titular.

Se ha venido proclamando el valor de Internet como medio para compartir información. El gran medio, se ha venido diciendo, en que cualquiera puede transmitir sus ideas y sus “noticias”. Esa capacidad es sin duda un gran potencial para le mejora del debate social, pero como toda libertad debe ser ejercida con responsabilidad. Y aquí viene el factor que aprovechan las “fake news”: la falta de control de calidad sobre el contenido de lo que emiten millones de emisores. Entendiendo como factor mínimo de calidad informativa la identificación de la fuente emisora y la honestidad en lo que se cuenta. Sin identificación y asunción de responsabilidad del emisor no puede haber una comunicación que fomente la libertad de los ciudadanos.

No leamos solo el titular, y si leemos solo el titular no compartamos la información en las redes sociales.

Las fuentes y los argumentos

Cualquier noticia debe incluir citas de las personas involucradas, referencias a expertos que puedan proporcionar opiniones sobre el tema, datos concretos que sitúan la información, como son fechas, lugares, circunstancias, etc. Cuando un supuesto contenido informativo carece de este tipo de elementos hay una alta probabilidad de que se trate de una afirmación vacía, de algo que alguien dice sin más valor que su interés por difundirlo. En esa lógica de la afirmación vacía, en referencia a la ausencia de argumentos y datos, vivimos un crecimiento de la sátira o ironía como lenguajes habituales de las “fake news”. La sátira, pero presentada como un contenido no necesariamente satírico, es ya normal en este mundo de las noticias falsas. Nos referimos a frases cortas que pueblan Twitter poniendo en duda la honorabilidad de personajes públicos, o comentando de forma superficial cuestiones complejas de la realidad.

Si encuentra un contenido de este tipo que usa la sátira como exageración de la realidad en un soporte en internet compruebe si ese site/página/blog tiene una cláusula de exención de responsabilidad, si la hay lo que significa es que nos están avisando de que no se hacen responsables de nada de lo que se publica en el mismo, vendría a ser como una forma de
presumir de que se tiene licencia para mentir.

Un bien escaso llamado atención

Cada vez que nos conectamos a internet cientos de emisores compiten por ganar nuestra atención: amigos en las redes, empresas, organizaciones políticas, medios de comunicación, etc. Eso genera una cascada constante de estímulos para captar nuestra atención: imágenes espectaculares, vídeos que prometen mostrarnos lo que nunca hemos visto, palabras grandilocuentes y demás recursos combinados. Ese torrente de captadores de atención nos invade desde: Google, Twitter, Facebook, Snapchat, Instagram o YouTube.

Y como nuestra atención es valiosa algunos de los “jugadores” piensan que es mejor mentir para atraernos, o lo que es lo mismo: creen que es mejor no tener la limitación de la verdad en esa lucha por parecer interesante. De esa idea vienen muchas de las historias falsas que alguien lanza para atraernos a un sitio web concreto, y ello porque generar tráfico hacia ese sitio concreto ya puede ser en sí mismo una fuente de negocio.

Sospeche cuando le ponen un anzuelo sensacionalista que le invita a clicar para navegar hasta un sitio diferente al que se encuentra.