Serpientes de verano

Francisco García

Cuando uno era niño, lo que aunque pudiera parecer lo contrario no ocurrió en el Pleistoceno, no había verano en que no asomara la cabeza por encima de las aguas turbias de los titulares amarillistas el monstruo del lago Ness.

Seguramente fue esa aparición espectral del estío la que llevara a acuñar la expresión “serpiente de verano”, que era una forma de llamar a las noticias intrascendentes de julio y agosto, con escasos visos de realidad, cuando no escandalosamente falsas. Si no era “Nessi” quien acaparaba los titulares era un objeto volador no identificado que se dejaba ver planeando sobre el cielo de media España o una figura geométrica sorprendente en un campo de avena cuya factura se aventuraba a seres de otro planeta.

Ahora las serpientes de verano son las víboras que atacan a Frank de la Jungla y otros bichos que serpean sobre los sillones de los platós de ciertos programas televisivos de la sobremesa o la medianoche, donde las sierpes dan paso a las zorrerías. Ya no hay serpientes de verano culebreando por los titulares del amarillismo, ni siquiera culebrones venezolanos (más bien se antoja un drama la situación política y social en Venezuela), pero proliferan las noticias falsas en los andurriales de las redes sociales, donde algunos tiburones buscan pescar incautos crédulos de pies juntillas.

Las “fake news” suponen un estorbo que habría que erradicar con herramientas poderosas del Estado de derecho: confunden y polarizan la opinión de los ciudadanos, minan la confianza en los medios tradicionales y distorsionan el contenido del debate público.